NO A LA VIOLENCIA PASIONAL
Estos días de atrás se abrió la polémica si a los crímenes pasionales llamarlos violencia de género o violencia intrafamiliar. Creo que estos dos últimos términos son eufemismos del primero. Ahora se me da por lanzar un cuarto término: violencia pasional. ¿Qué más nos da llamarlo de una forma u otra si las cuatro expresiones encierran violencia? ¿Porqué esa discusión? Las cuatro expresiones nominan a una desgracia. En esos casos, la fatídica relación entre un hombre y una mujer,-por regla general-, es cuando el machismo de él y la baja autoestima de ella, toman mano de la pareja. O de una familia. Pienso que siempre hubo violencia pasional, pero actualmente parece que hay más, porque se han puesto luz y taquígrafos a una de las miserias humanas. Cuando una relación tormentosa no ha de haber lugar.
Con los años he llegado a la conclusión que dormir todas las noches, una pareja, en la misma cama, no la beneficia. Como que se hace uno demasiado visto. Si pudiéramos vivir en un piso de tres habitaciones y dos baños, yo dormiría en una de ellas y mi pareja en otra y utilizaríamos cada uno un baño diferente. Dirán: se puede vivir en casas separadas. Ya, pero no contribuiría a los encuentros sexuales, o si en un momento dado, quieres contarle algo importante que no pueda esperar.
¿Cómo debería ser la relación de un hombre y una mujer,-vale para parejas del mismo sexo-? ¡Si todos los hombres son iguales! Dirían ellas ¡Si todas las mujeres son iguales! Dirían ellos. ¡Es que mi marido quiere a una mamá! ¡Es que mi mujer quiere a un papá! Se quejan algunos. Yo quiero que mi hombre y yo bailemos una relación en la que disfrutemos varios roles. Que en un momento él sea como mi padre. En otro momento, que él sea como mi hijo. En otro instante que él sea mi amante. Y en otro instante, que mi hombre sea mi amigo. Por mi parte yo sería en ese baile su madre, su hija, su amante y su amiga. Cada momento lo tendríamos que saber por nuestro instinto, por una sensación más animal. Algo que estamos perdiendo porque los mandamases nos tienen atontados. Pero eso ya es otra cosa para otro post.
Volviendo al encabezado de este post, pienso que lo primero que hay que hacer es reconocer que se tiene un problema. Ponerse en manos de un psiquiatra-la pareja-, los dos que tengan cada uno un empleo digno, no endeudarse y mucho amor. Si falla, entonces denunciar.
P.D. Aprovechando que el río Pisuerga pasa por Valladolid, quiero traer a colación,-sé que no tiene nada que ver con el tema del post de hoy-, una opinión que me gustaría manifestar sobre los tres aeropuertos principales de Galicia. Las autoridades competentes en la materia, están irritados, porque el aeropuerto de Oporto, digámoslo coloquialmente, es el que corta el bacalao, actualmente. Propongo desde estas líneas, que los aeropuertos de Santiago de Compostela, La Coruña y Vigo modifiquen y consideren sus enfoques. Que el aeropuerto Rosalía de Castro de Santiago fuera el principal -por ser la capital gallega, estar en el centro de la Comunidad, y, porque ¡qué carajo! tiene mejores pistas y visibilidad de toda la región-, y que tenga todos los vuelos nacionales e internacionales de pasajeros. Alvedro -el de La Coruña-, tenga vuelos nacionales de pasajeros. Peinador -el de Vigo- esté dedicado a vuelos de carga y descarga de mercancías. Ahí os dejo. Todo es ponerse a ello. ¡Hablando y dialogando se entiende la gente!
¡Gracias por leerme!
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