DRAGÓ
Hoy, 10 de abril del 2024, es el cabo de año de mi admirado y amado -desde la lejanía- el escritor Fernando Sánchez Dragó. Digo admirado y amado y por supuesto querido, aunque, no fuera ni su amiga, ni de la familia, ni también su conocida, si bien, me lo presentaron una vez, y si he sido y soy fiel lectora de todos sus libros.
Mi primer "contacto" con Dragó fue a través de leer los periódicos. Era yo muy joven y no hacía más que leer loas, alabanzas y buenas críticas de su libro Gárgoris y Habidis. Una Historia mágica de España. Para mi modesto entender, su mejor obra. Por esa época no había visto ninguna imagen ni foto de tan grande escritor.
Cuando compré Gárgoris y Habidis me encuentro con cuatro tochos metidos en una especie de caja abierta, imagen que me sorprendió mucho. Lo empecé a leer y me dije a mi misma "¡qué rollo!" y lo dejé. Dieciséis años después más o menos o en el momento que recibe el Premio Planeta por La prueba del laberinto, retomo Gárgoris... leo los cuatro libros de un tirón y con verdadera fruición y siento, con el correr de los años que es su mejor libro. Al recibir el Planeta es el tiempo ya de conocer su imagen y apreciarlo aún más cuando acudía al programa de Jesús Hermida, sino recuerdo mal, El ruedo ibérico se llamaba. En ese programa de televisión de Antena 3, me encuentro a un Dragó divertido, simpático, muy inteligente y muy atractivo. Empecé a seguirle viendo sus programas sobre libros en los cuales él se comía los tomos de cada escritor invitado y los trataba con sumo respeto.
Su inteligencia, su verbo, sus reflejos, su memoria de elefante, su oratoria, su dinamismo, su espíritu joven, aunque era un carpetovetónico, su sempiterna sonrisa, su creatividad, su ternura... es que este magnífico señor, era como un prisma, lleno de cualidades a raudales.
Fui a los cursos que daba en El Escorial, Pastrana, Castilfrío de la Sierra...
Asistí a diversas conferencias suyas que dio en mi ciudad y en ciudades colindantes. Siempre que le pedí que me firmara uno de sus libros lo hacía presto y raudo.
Me hubiera gustado que fuéramos amigos, pero no pareja, porque era un tanto peculiar.
El 10 de abril del año pasado lloré. Es raro que llore. No me salen las lágrimas fácilmente. Con su muerte, la emoción me embargó y me hizo llorar.
Mientras yo viva, siempre lo recordaré.
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