¡IR A LA MIERDA!
¡Véte a freír espárragos!
¡Vai rascar os pés!
Esas eran las expresiones que el más común de los mortales utilizaba para enviarte embora.
Ahora decimos: ¡véte a la mierda!
Y nos quedamos tan panchos. Tan panchos como los cerditos revolcándose en la susodicha de sus piaras. Tan panchos como quedamos sucios, todos nosotros, cuando éramos o somos niñitos, y nuestras madres nos riñen o avisan de que no nos manchemos, jajaja, y nosotros estamos encantados de rebozarnos, cual perrito, en la tierra, agua, césped o lo que se tercie, y cuanto más cochinos estemos, mejor. ¡Mejor nos sabe!
¡Pues ahora a los políticos se les ha dado por ser cochinitos y retozarse en las cochinadas!
En los tiempos en los que ya no nos llega ducharnos una vez al día, sino que hacerlo dos veces diarias -valga la redundancia-, va, y vuelven, los tiempos, de usar rodilleras y tener las rodillas -otra vez me repito- todas esfoladas, cubiertas con betadine y agua oxigenada para que los microbios no hagan de las suyas.
He oído decir a los artistas ¡mucha mierda! como deseo de buena suerte en un proyecto que ve la luz o un evento que vaya a suceder. El motivo ya lo saben y no lo pienso repetir, y es que, la gente fina o la gente famosa, ha derribado el tabú que había o hay a ciertas palabras o a ciertas actitudes que utilizamos las gentes sencillas, y que hicieron y hacen, que la Humanidad evolucione, que la Humanidad cambie.
Como siempre que ha sucedido, esperemos que nos vaya bien.
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