domingo, 2 de noviembre de 2025

                                 DOMINGO

     ¡Y al séptimo día descansó !

     En nuestra tradición cristiana y concretamente en la religión católica, de pequeños, hemos estudiado el Catecismo, en el que se nos decía que Dios creó al mundo  en seis días y que en el séptimo día descansó. De ahí que los domingos sea obligatorio oír Misa y descansar del trabajo. En otras religiones, por ejemplo, en la judía, es el sábado, Shabat,  o en la musulmana, es el viernes el día de asueto. 

     Traigo todo esto a colación porque la prensa está sorprendida de que los jóvenes se han vuelto religiosos en respuesta al materialismo imperante. . Nosotros los padres, debido a que nos impusieron el catolicismo, y, por ello, nos hicimos pasotas en lo espiritual?, no, de la religión nuestra en concreto; y por tanto, no  hemos inculcado a nuestros hijos el rezar; no les hemos educado en ningún tipo de espiritualidad, por lo cual, ¡éstos rapazotes, tuvieron que buscarse la vida para religare con Dios! Nosotros que, como el hombre de alguna manera tiene y debe trascender, bebimos de fuentes budistas, del zen, y del taoísmo, porque descubrimos que nos ayudan a llevar mejor este valle de lágrimas, entonces nuestros hijos, para llevarnos la contraria, empezaron a ir a Misa, cosa que los padres dejamos de hacerlo, y éstos chicos, han llenado plazas por el mundo adelante en las reuniones que diferentes Papas hicieron con la juventud. 

     Me alegro que los muchachos quieran encontrar a Dios a tan temprana edad, porque, evitarán mucho sufrimiento, a lo largo de sus vidas. 

     A lo largo de la vida de una persona, por muy materialista que sea, por muy atea que sea, en algún momento de nuestra existencia, pensamos o buscamos a Dios; y como somos buscadores y exploradores autodidactas de nuestra psique, el que más y el que menos se encuentra hablando consigo mismo y ahondando en nuestro corazón y descubriendo el amor propio y de camino el amor a Dios. Porque para amar a Dios, primero, uno tiene que amarse a sí, volcarnos en nuestro interior, que es el templo de Dios. 

     ¿Al final qué es lo que descubrimos?

     Que lo que nos alimenta, que nuestro lenguaje universal y lo que nos une, por muy diferentes que seamos, es el amor. 

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