VALLE-INCLÁN
El domingo pasado, veintitrés de julio, se celebraron las elecciones generales en España. Ganó el Partido Popular con ciento treinta y seis escaños. Partido Socialista Obrero Español obtuvo ciento y veintidós, quedando como segunda fuerza. Ninguno de los dos logró la mayoría absoluta. Hay que pactar.
El Partido Popular, con una campaña algo errática, fue de más a menos. El PSOE todo lo contrario. Las encuestas, ¡ay las encuestas!, daban la victoria al PP por más actas e incluso dicho partido hablaron de que sacarían 168 asientos. Estaban muy convencidos de ello. Por esa creencia se durmieron en los laureles. Pedro Sánchez, haciéndose el papel de víctima, remontó. Aún perdiendo las elecciones, puede ser nuevamente presidente del gobierno, pactando con un prófugo de la justicia española y con todos los independentistas que haya en el panorama. Pactando con los que quieren destruir el Estado español.
El PP se vio perjudicado en la pre campaña y en la campaña por el cómo hicieron sus políticos los gobiernos autonómicos de Valencia y de Extremadura. Al Partido Popular le perjudicó mucho verse ganador. ¡Se relajó!
Con el nuevo tablero que se establece... ¿debe dimitir Feijóo? ¿Debe el PP elegir a otro líder?
¡Desde luego que no! Feijóo cogió al partido hechos unos zorros. Lo centró, le dio autoestima y lo llevó al mayor poder territorial con las últimas elecciones municipales y autonómicas del veintiocho de mayo. Es un buen político. Debate muy bien. Es un hombre de Estado. Todos en su partido lo admiran, por sus cuatro mayorías absolutas en Galicia, y lo aprecian.
Con el resultado del pasado domingo, Feijóo quedó abatido, incluso decaído en su autoestima, pero debe recuperarse pronto y hacer el Debate de Investidura, aunque la pierda, porque enfrente tiene- un Pedro Sánchez, que puede llegar a ser presidente del gobierno-, a un mandatario débil, y que como mucho durará en el poder uno o dos años, por lo absurdo de sus pactos.
El gran escritor Valle-Inclán plasmó en su obra universal Luces de Bohemia, que la política en España, es un esperpento. Queda dicho.
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